Voces desde el más allá de la historia

sábado, 5 de diciembre de 2015

Los secretos de Antonio Guillelmi, secretario de cámara del tío de Fernando VII


 Hoy hace 208 años el infante Antonio Pascual, tío de Fernando VII, designaba a su secretario de cámara. El beneficiado era Antonio Guillelmi, tío del consorte que doce años después llevaría al altar a Gertrudis Romero en la capilla real. Nada nuevo entre los Guillelmi, puesto que el finado suegro de Gertrudis se había casado en el Real Sitio del Pardo, lo que demuestra la cercanía del clan Guillelmi a los entonces reyes Carlos IV y María Luisa, así como a Manuel Godoy, valido de los reyes que llevaba todos los asuntos de estado y adquirió el título de príncipe de la Paz.

El nombramiento de Antonio Guillelmi en su cargo se basa en los méritos contraídos recién ocurridos los sucesos del Escorial, cuando un informante anónimo advierte a los reyes de la traición de su hijo, el entonces príncipe de Asturias Fernando, que pretende usurpar el trono de su padre e incluso envenenar a su madre. Desde entonces Antonio Guillemi queda encargado de todos los documentos del infante Antonio Pascual, incluidos algunos desconocidos e inéditos como los de su partida a Bayona en 1808, cuando Fernando VII, tras quitar la corona a su padre, se la regala a Napoleón y parte toda la familia real española hacia Francia.

Pero además de conocer de primera mano qué papel había desempeñado Fernando VII en las conspiraciones contra su padre, Carlos IV, Antonio Guillelmi sabía muchas más cosas. Quedó al cuidado de su díscolo sobrino, Juan, que en 1819 se casa con Gertrudis mediante matrimonio arreglado por Fernando VII al tiempo que él se casaba con Josefa Amalia de Sajonia. Al cabo de tres meses el cirujano de la Real Familia certifica que Gertrudis ha tenido un mal parto en el que difícilmente mediaría su consorte, que servía para cubrir apariencias ante la nueva reina esperando a cambio que el rey cumpliera lo pactado.

Antonio Guillelmi cae en desgracia junto con Gertrudis y su familia desde finales de 1823. Su lealtad a los reyes padres, exiliados en Roma hasta su muerte casi simultánea a comienzos de 1819, le impidió revelar datos graves que no tuvo reparo en usar en 1827, cuando ya al borde de la tumba sentía la carga de todas las vidas fustigadas por el actual representante de la corona, Fernando.


De ejercer sobre los huérfanos el mayor despotismo desde 1824, Fernando VII cambia abruptamente al poco de morir Antonio Guillelmi y está dispuesto a todas las concesiones, recurriéndose a falsificaciones y bolsillo secreto del rey para favorecerles. Poco  después el confesor de la reina madre intenta chantajear a Fernando VII con relación al verdadero origen de la real prole de su madre, sin otro resultado que ser encarcelado de por vida. Todo lo contrario a los huérfanos Puig Romero pocos meses antes. El legado que pudiera haberles dejado Antonio Guillelmi tenía tanto poder como para doblegar al absoluto.